Debido a la ola de frío ártico que está azotando Barcelona, en lugar de salir a emborracharnos cuál quinceañeros desajustados hormonalmente, mi novio yeyé y yo hemos acabado en casa de
Medea (
poetasinbrazos). Después de debatir sobre las facciones de roedor de la hija de
Mila Ximénez que estaba en el plató de
La Noria, hemos decidido servirnos un buen moscatel y ponernos a mirar series por internet. No, no hemos visto
Lost (nos la sabemos de
pe a
pa), ni
Flashforward (recordad que no es tendencia) ni nada por el estilo, hemos creído que la mejor opción era ver
Salvados por la Campana en plan remember. En el capítulo Kelly se enamora de Screech ya que éste le ayuda a superar su examen de Física. Hemos concluído que en estas series de
teenagers de los noventa los flequillos son imposibles y las tramas argumentales son de un blanco impoluto y lo más
hardcore que puede pasar es que no te inviten a un concierto de George Michael, la inocencia robada de nuestra generación. Ansiosos de más nostalgia hemos clickado en un capítulo de
Cosas de Casa y nos hemos tragado lo que parecía el único capítulo de todas las temporadas en el que no aparece Steve Urkel, pero después de nuestra decepción inicial nos hemos dado cuenta que la verdadera protagonista de la serie era la abuela de la familia con su voz de llevo dos whiskis dobles. Pero esto no es nada, el plato fuerte ha venido cuando hemos pensado que iba siendo hora de ver
Compañeros. Tengo que decir que entre tanto hemos visto algún vídeo en el youtube de
Bea la Legionaria o el momento supermítico protagonizado por
Sara Montiel cuando sale de casarse con el cubano y contesta a la prensa exclamando
"Pero, ¿qué pasa? ¿qué invento es este?". Nos hemos quedado muertos cuando hemos descubierto que el instituto
Azcona por donde paseaban Quimi y Valle es el actual
Zurbarán de Física o Química. Más de diez años sin usar un plató y ni se han molestado en cambiar nada, vamos que me dices que aparece Gorka por detrás hablando con la yugoslava que años después protagonizó
Bea la fea y me lo creo. De verdad, no podía irme a dormir sin mostrar al mundo este descubrimiento. Comprobadlo vosotros mismos.